*Alerta Spoiler: este texto cuenta partes cruciales de la película. Si no la has visto y no quieres saber demasiado mejor no leer este texto.

Ya en los años 30’ Gabriela Mistral exponía lo que para ella debía ser el cine documental en América, imágenes capaces de mostrar las maravillas geográficas que regala el continente a sus habitantes, como una manera de educar tanto a la población local misma como al extranjero: “Yo creo que el cine documental verificará nuestra incorporación definitiva en la mente europea, y que será superior como fuerza informativa a toda propaganda escrita, trivial casi siempre o estropeada por la exageración” (Godoy Alcayaga, 1930). Sin embargo, el documental tomó un camino distinto y en vez de mostrar esa potencia geográfica que poseen los Andes se decidió por mostrar, por dejar ver, la pobreza, la miseria y lo que de alguna manera hacía sentir mejor a ese espectador extranjero (porque al ver lo bajo de los otros mi posición mejora).

Y si además en 1967 Glauber Rocha consideraba que lo que tenían en común los países latinoamericanos era la miseria (Rocha, 1967), entonces qué más se podía mostrar.

Conscientes de esa “mala fama” que estaba mostrando Latinoamérica eran dos cineastas colombianos, Luis Ospina y Carlos Mayolo quienes realizaron el cortometraje Agarrando pueblo en 1978. Si bien generalmente se ha catalogado como parte del género del falso documental y la pornomiseria, éste es en realidad una crítica a los documentales que se realizaron en América latina en los años 70’ y que retrataban la pobreza y miseria del sur de este continente (El falso documental nunca nos dice que no es real).

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Mayolo y Ospina hacen referencia, en un ensayo-manifiesto escrito a fines de los 70’ a partir de Agarrando pueblo, a la ley de cine en Colombia, con lo que proliferaron obras que descubrieron una mina de oro. Pero esa mina se encontraba justamente bajo un pueblo pobre. “La miseria se convirtió en un tema impactante y por lo tanto, en mercancía, fácilmente vendible, especialmente en el exterior donde la miseria es la contrapartida de la opulencia de los consumidores” (Ospina y Mayolo, fines 70’), reza parte de la carta escrita por ambos colombianos.

A partir de esto ellos realizaron el cortometraje que comienza, más que como falso documental, como el making off de un documental encargado para la televisión alemana, que al final resulta ser ficción. De entrada podría pensarse que es real, sin embargo, vemos a un director y un camarógrafo que no parecen demasiado estrictos con las tomas, filman gente en la calle, retratos de la miseria, por pocos minutos o segundos, lo que no se daría en la realización real de una grabación que pretende transformarse en documento. Por lo tanto, en los primeros minutos la duda de si es real o no, se resuelve rápidamente. Sin embargo, aunque sea ficción el cortometraje plantea realidades.

Agarrando pueblo es una parodia, es una crítica social a lo que estaba realizando el área del documental en América Latina. En la filmación se muestra cuando llega una mujer con dos niños “para que haga el papel de pobre”, de acuerdo al diálogo de uno de los personajes. Por lo tanto es un documental, pero en el que se están usando actores (no necesariamente profesionales, pero personas que representarán un papel). Y entonces entra la duda: ¿los documentales, supuestamente reales, utilizaron también personajes a quienes se les pagó para actuar? ¿Este cortometraje muestra esta escena como una crítica a los documentales que utilizaron actores o es sólo una burla?

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La utilización del color tampoco es un elemento elegido al azar. En una película con una narración clásica lo grabado dentro de la película suele mostrarse en blanco y negro y lo que sería real a color. Pero en este caso eso se invierte: el making off real se muestra en blanco y negro y las imágenes del documental que están grabando se muestran a color. ¿Por qué? La razón verdadera nos podría ser desconocida, pero la interpretación que desprendemos es que lo real está sucediendo en Colombia, en medio de la miseria y lo grabado será exhibido en Alemania, con equipo alemán y por lo tanto más moderno, de mejor calidad y con tecnologías más avanzadas. La utilización del color no es un hecho al azar y no responde sólo a la estética de la película, también al contenido que esconde el corto el cual podemos desprender.

La crítica no termina ahí. El montaje de imágenes con un texto de fondo puede resultar erróneo. Imágenes secundadas por frases como “abandono de familia”, “delincuencia precoz”, “demencia” pueden cambiar radicalmente el significado de una imagen. Niños jugando en la plaza pueden convertirse inmediatamente en niños vagos sin hogar. Y esto lo muestra el corto para exhibir la espectacularidad de la pobreza que habían estado haciendo los documentales y como una manera de decir que no todo lo que se muestra en pantalla tiene que ser real.

El cortometraje incluye varios niveles de reflexividad, una estilística donde hay ciertos guiños que le dicen al espectador que se está frente a una ficción (el uso de actores, la frase “¿estuve bien?” de Luis Alfonso Londoño luego de su magistral papel –que dice varias verdades- de loco, la destrucción de la cinta del documental, pero sí vemos imágenes del documental supuestamente destruido) y lo que primero podría parecer real finalmente descubrimos que no lo es. Tiene una reflexividad deconstructiva, como se conoce el documental real sabemos que éste no lo es, es una parodia.

Sin embargo, la duda se mantiene con la entrevista final a Luis Londoño, las preguntas que le hacen sobre su participación y sobre el cine no sabemos si tienen respuestas reales o si son parte de un guión aprendido, parece ser real, pero si todo el corto no lo ha sido, entonces esta entrevista también puede ser ficción. A pesar de esto, en esa última conversación se plantean realidades importantes en cuanto al cine (documental o de ficción) latinoamericano, y son verdades que probablemente Ospina y Mayolo quisieron decir (lo que podría hacer pensar que sí es una entrevista previamente pauteada). El hombre dice que se va detrás del color del billete y que él prefiere ir detrás del documento. Sobre esto habla todo el cortometraje, los documentalistas, como se dijo anteriormente, encontraron una mina de oro al mostrar la miseria de los pueblos, pero haciendo eso sólo buscaban el lucro y dejaron detrás el valor real del documento, de mostrar no sólo la miseria (que tampoco se puede negar que existía y que aún hay, pero no es sólo eso) sino también todo lo que existe en este lado de la Tierra. Luego dirá: “Nosotros los colombianos también podemos poseer el don de movernos ante una cámara de cine, aunque nos falte cultura”, lo que puede extrapolarse a otros países: nosotros los chilenos, los argentinos, los bolivianos, los brasileros, etc. Nace a partir de la supremacía del cine norteamericano, que era lo que más llegaba a las salas de cine, dejando de lado la exhibición de la producción local (algo que ha ido mejorando con el tiempo, pero que aún no está del todo resuelto).

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“Agarrando pueblo la hicimos como una especie de antídoto o baño maiacovskiano para abrirle los ojos a la gente sobre la explotación que hay detrás del cine miserabilista que convierte al ser humano en objeto, en instrumento de un discurso ajeno a su propia condición”, dirían Ospina y Mayolo sobre su trabajo y es justamente lo que se desprende del visionado observado con distancia.

 

Bibliografía:

Godoy Alcayaga, Lucila; Cinema documental para América en Atenea; 1930.

Ospina, Luis y Mayolo, Carlos; ¿Qué es la pornomiseria? Ensayo-manifiesto; fines 70. http://tierraentrance.miradas.net/2012/10/ensayos/que-es-la-porno-miseria.html

Rocha, Glauber; Teoría y práctica del cine latinoamericano en Avanti; 1967

*Texto escrito originalmente para el diplomado Teoría y crítica de cine de la PUC en su versión de 2013.

Categorías: Cine y tv

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